La golondrina es un drama íntimo y profundamente humano escrito por Guillem Clua, uno de los dramaturgos más reconocidos y premiados del panorama teatral contemporáneo. Autor de títulos como Smiley, Justicia o La piel en llamas, Clua combina en esta obra su maestría narrativa con una sensibilidad única para abordar conflictos sociales y emocionales a través de historias personales.
La obra reúne a dos personajes, Amelia y Ramón. La primera, una severa profesora de canto, recibe en su casa a Ramón, quien desea mejorar su técnica vocal para cantar en el memorial de su madre fallecida recientemente. La canción elegida “La golondrina” tiene un significado especial para él y, al parecer, también para la mujer quien, a pesar de sus reticencias iniciales, accede a ayudar al joven alumno. A medida que la clase avanza, los dos personajes van desvelando detalles de su pasado, profundamente marcado por un atentado terrorista que sufrió la ciudad el año anterior. El significado real de ese ataque, las motivaciones del terrorista y la alargada sombra de sus víctimas provocan un enfrentamiento entre Amelia y Ramón que les lleva a descubrir la verdad sobre aquellos terribles acontecimientos. Esa verdad les obliga a reflexionar sobre sus propias identidades, la aceptación de la pérdida y la fragilidad del amor, desnudándose hasta tal punto que sus destinos quedarán unidos para siempre en un canto común a la vida.
El texto se inspira directamente en el ataque terrorista del bar Pulse de Orlando (EE.UU.) de junio de 2016 en el que murieron 49 personas, pero La golondrina no habla solo de ese atentado. En ella también resuenan las tragedias de la Sala Bataclán de París, del paseo marítimo de Niza, de Las Ramblas de Barcelona… y trata de comprender el sinsentido del horror, las consecuencias del odio y las estrategias que utilizamos para que no nos destruyan el alma. Cuando Amelia y Ramón se conocen, tienen dos caminos ante sí: pueden elegir odiarse o caminar juntos. Los dos tienen motivos para hacerse aún más daño del que han sufrido o reconocerse en el dolor del otro para no permitir que las bestias ganen. De algún modo son como todos nosotros, porque ante un ataque indiscriminado todos somos víctimas, estuviéramos o no allí, y todos nos enfrentamos a la misma encrucijada: odio o amor. Nuestro mundo depende de la dirección que tomemos.
Con un lenguaje preciso y emotivo, Guillem Clua construye una pieza de cámara que ha sido representada en numerosos países, consolidando su reputación como un autor de alcance internacional, capaz de transformar historias íntimas en reflexiones universales. #LaGolondrina no solo conmueve por su argumento, sino también por la profundidad psicológica de sus personajes y la elegancia de su estructura dramática.
Duración del espectáculo: 90 minutos
Edades recomendadas: A partir de 7 años
Ficha artística:
Montse Peiró
Alex Ortega
Director: Ángel Ferrero
Autor: Guillem Clua
Dibujo de cartel: Darifé
Música: Noelia Prada
Luces y sonido: Marcelo Costas
Agradecimientos a Victoria Dal Vera y Chema Casillas











Una obra que se hace corta, unos actores muy buenos y con matices muy buenos. Y la amabilidad de la recepción es tan agradable.
No te la pierdas
Un texto inolvidable que llega al corazón y que hace reflexionar. Los actores, Montse Peiró y Alex Ortega están que se salen, no lo pueden hacer mejor, y la dirección de Ángel Ferrero es impecable. Gracias por ofrecernos una obra de tan altísima calidad.
Grandes interpretaciones en un estupendo montaje pleno de emociones
Un 10!
Buenos días. La golondrina es una obra psicodramática que tiene un libreto espectacular escrito por el gran y reconocido dramaturgo Guillem Clua.
Dirigida por Ángel Ferrero de manera genial por varias razones; porque tiene multitud de matices interpretativos; expresión corporal, ocupación del espacio , manejo de los tiempos, expresiones emocionales… comunicación gestual y corporal.
La interpretación merece un sobresaliente, porque el texto es denso, tenso en muchas ocasiones y debe transmitir al espectador una carga de comunicación y emoción excepcionalmente condensa.
La obra logra conmover a los asistentes, al punto que, he de de confesar, las lágrimas corrieron por mi rostro cuando el protagonista lee la carta del amigo muerto a la madre, casi al final de la obra. Dos lágrimas y mil aplausos.
Deseo decir que no tengo ninguna vinculación con la Sala y que considero que la selección del programa de esta sala El Pasillo Verde es muy buena y como teatro alternativo es una fuente de placer estético por todas las razones que aquí expongo.
Y un detalle; en la dirección el manejo por parte de los actores de los cinco objetos de la escenario; una mesa, una lámpara, una silla, una estantería de libros, fotos y objetos personales… además de una especie de tumbona.. . es maravillosa. Sensibilidad, inteligencia, dulzura y un libreto que es una master class de psicología inclusiva. Gracias!!!