¿Qué siente una madre obligada a lanzar a su hijo pequeño por la ventana para ponerlo a salvo de las llamas? ¿Qué pasa por la cabeza de una mujer enferma para que cada noche llame desesperadamente al Fary? ¿O por la de esa otra que sólo quiere reír con los sucesivos novios que le va presentando a su hijo de doce años? Los personajes que protagonizan los seis monólogos de “Alguien que nos salve” no tienen muy claro cómo responder a estas preguntas. A veces querrían celebrar su cumpleaños arrojándose por un balcón para que hablen de ellos en “Madrid Directo” y otras veces se permiten soñar bajo la ducha y se imaginan ganando un festival de Eurovisión o escapando de la triste realidad con aquella mejor amiga de la infancia con la que todo parecía posible. Porque de eso precisamente hablan estos monólogos: del abismo entre lo que se soñó una vez y lo que luego sucedió, de los delicados lazos que creamos con los demás, de las absurdas trampas que nos tiende la realidad y de la necesidad desesperada de ser salvados.
Duración del espectáculo: 120 minutos
Edades recomendadas: Todos los públicos
Ficha artística: Rapha Gómez; Encarna Rabazo, Miguel Barge, Alicia Ramos, Mara Rabazo y Armando Rabazo












Me encantaron las historias. Me metí tanto que hasta lloré en alguna de ellas.
Volví a ver “Alguien que nos salve” este sábado, y la emoción fue igual de intensa que la primera vez… quizá incluso más. Hay obras que simplemente te gustan, y luego están las que te atraviesan. Esta, escrita y dirigida con tanto corazón por Armando Rabazo, que vuelve a tocar algo muy profundo en mí.
Los seis monólogos me recibieron como viejos conocidos, pero esta vez los sentí distintos. Encontré matices nuevos en cada historia, detalles que se me habían escapado, silencios que de pronto pesaban más. Y eso tiene mucho que ver con el trabajo increíble de los actores y actrices, que son —no encuentro otra palabra— magníficos. Cada uno se deja la piel en escena, y esa entrega se nota, se siente, te llega.
Hubo momentos que me removieron de nuevo, situaciones que me hicieron reír, y otros que me apretaron el pecho sin aviso. Y salí del teatro con esa mezcla rara de melancolía y gratitud que solo deja el buen teatro: la sensación de haber visto algo honesto, humano, necesario.
No sé cuántas veces más la veré, pero sí sé que esta segunda vez confirmó algo: “Alguien que nos salve” es una obra que vuelve a ti… y tú vuelves a ella, porque siempre encuentra una manera distinta de emocionarte.
Absolutamente conmovedora. Una joya
Desde que empezó, la obra te atrapa. Pero lo que más me impresionó fueron los actores. Cada gesto, cada palabra, todo con una naturalidad que te hacía olvidar que estabas viendo una actuación. La puesta en escena fue simple pero efectiva, todo al servicio de la historia. Muy recomendable.
La obra tensa las cuerdas de la emoción desde la primera hasta la última de las historias. Seis monólogos magníficamente interpretados, donde unos personajes llenos de honradez, desnudan sus sentimientos para dejarnos ver lo que soñaron en la vida y lo que realmente les ha tocado vivir. Seis ersonas que tejen unos hilos reales o imaginarios, los que todos tejemos para intentar salvarnos. Unos hilos que en los largos fragmentos del derribo intentan extender a la espera de alguien que los salve, alguien que mínimamente los rescate. Y se apagan las luces, cerramos los ojos y se nos escapa un alguien que nos salve… Magnífica.